Autor: Ramon Diaz Recio.- A medida que la sociedad se moderniza y se tecnifican las labores humanas, existen profesiones y oficios donde la automatización va ocupando el rol del ser humano. Esto permite una mayor eficiencia y precisión en la realización de las tareas.
Es evidente que avanzamos a un ritmo tan acelerado que, por momentos, el adelanto tecnológico, la sobreexposición de la inteligencia artificial (IA) y la robótica parecen imperceptibles para muchos.
Esta transición ya no solo
afecta a las fábricas, sino también a áreas técnicas y de análisis de datos,
desplazando a un segundo plano la percepción y las pasiones humanas en la toma
de decisiones.
Sin
embargo, nada de esto representa un peligro latente para la sociedad. El ser
humano ha demostrado, a lo largo de la historia, tener la capacidad de
adaptarse a las distintas circunstancias y retos que plantea el ritmo social.
El verdadero desafío para las presentes y nuevas generaciones radica en aprender
a crecer y desarrollarse en una comunidad cada vez más conectada y con
servicios automatizados.
La tecnología en la decisión más determinante: el
voto
Esta
dinámica es irreversible; hoy en día es imposible escapar a la influencia de la
tecnología, incluso en la decisión más simple pero, a la vez, más determinante
para los ciudadanos: el derecho al voto.
Si damos
un vistazo rápido a las últimas campañas electorales de nuestra región,
notaremos cómo la inteligencia artificial, el neuromarketing y el vacío de
propuestas reales se han convertido en las alternativas más populares. Casos
recientes en países como Ecuador, Argentina y Colombia así lo demuestran.
Un factor
común en las estrategias de estos candidatos ha sido la puesta en escena de un
espectáculo artístico y la promoción de una figura que encarna la
"anti política", dejando fuera lo esencial para alguien que pretenda
dirigir un país: sus propuestas de gobierno.
Un llamado a la conciencia ciudadana
Es en
este punto donde los ciudadanos debemos despertar y tomar conciencia clara de
quién y cómo se manipulan nuestras decisiones. Si bien es correcto que se
utilicen la tecnología y todos los recursos disponibles para construir una
campaña atractiva, lo que no debe aceptar la inteligencia humana es el control
mental y la manipulación psicológica.
Muchas de
las estrategias actuales son más que una simple presentación de planes;
representan un salto al vacío. Utilizan la posverdad y las falsedades para
construir una narrativa donde el ciudadano ya no cree en las ideas, sino que es
impulsado a votar en contra de la otra parte, aunque no entienda bien el
porqué.
